Alfonso le ganó la calle a Ana Lilia

Alfonso le ganó la calle a Ana Lilia

Dicen los que saben que una imagen vale más que mil palabras.

Eso fue exactamente lo que consiguió Alfonso Sánchez García este fin de semana, y por eso vale la pena decirlo, en la disputa por la Coordinación de Morena en Tlaxcala, Alfonso está construyendo algo que su competencia todavía no logra igualar.

El domingo, más de 5 mil personas marcharon junto a Alfonso Sánchez coreando "¡Coordinador!". No es un dato menor ni un episodio aislado, es la culminación de una estrategia territorial que ya sumaba, desde el sábado, más de doscientas asambleas y respaldos consolidados en municipios como Nativitas.

Mientras otros actores fragmentan su discurso en múltiples frentes, Alfonso ha optado por un camino más difícil pero más contundente, caminar el territorio, asamblea por asamblea, hasta convertir ese trabajo en una fotografía que ninguna encuesta puede replicar con la misma fuerza.

Hablando en plata, una encuesta se lee, se interpreta, se discute, pero una marcha de miles de personas se ve, se comparte y se viraliza.

En la guerra digital que se libra hoy en Facebook y WhatsApp, esa diferencia no es cosmética, es estratégica. La prensa lo entendió así y tituló sin ambigüedades que Alfonso se perfila para la Coordinación.

Pero el verdadero contraste no está solo en la plaza pública, sino en la coherencia del mensaje. Alfonso ha mantenido durante todo el fin de semana un eje discursivo único y reconocible: territorio, trabajo de tierra, movilización y respaldo popular directo.

Cada evento refuerza al anterior, cada asamblea suma a la narrativa de la anterior; es un mensaje que se puede resumir en una frase y que, precisamente por eso, es más fácil de recordar, de repetir y de defender en la conversación digital.

Ana Lilia Rivera, en cambio, transita por un camino distinto, el de la dispersión. En apenas dos días combinó el respaldo de sectores comerciales, una cifra de intención de voto atribuida a "7 de cada 10 tlaxcaltecas", la entrega simbólica de un bastón de mando por representantes indígenas de San Juan Totolac, llamados a la unidad partidista y, además, la difusión de encuestas de casas distintas —Massive Caller, Rubrum, CRIPESO— como argumento de fuerza.

Visto con benevolencia, eso podría leerse como diversidad, pero visto con rigor, es fragmentación, cuando un proyecto político necesita apoyarse simultáneamente en comerciantes, pueblos originarios, encuestadoras y llamados genéricos a la unidad, lo que en realidad está mostrando es la ausencia de un eje narrativo propio y sostenido.

No hay una sola imagen que condense el fin de semana de Ana Lilia como sí la hay con Alfonso. Hay, en cambio, una colección de mensajes que compiten entre sí por la atención del electorado, y que corren el riesgo de diluirse unos a otros en lugar de reforzarse.

Ya que si entramos en la arena de las metodologías, tenemos que la encuesta más falta que podría haber es la de Massive Caller y ni siquiera es por su metodología que es sólo en papel, lo que hay que entender de sus encuestas es que son telefónicas y que presentan una tasa de rechazo de más del 97%.

Hay otras encuestas, las de redes sociales, son las más falsas y fáciles de alterar, lo cual generan una alta expectativa de una realidad muy distante, pero ya estaremos hablando en otra entrega acerca de esas encuestadoras que lo único para lo que sirven es para vender posicionamientos inexistentes a clientes asiduos de aparecer en el top de ellas.

¿Finalmente, digamos que Rubrum, es propiedad de Marcelo Ebrard y adivinen a quien apoya? Vean quien encabeza sus encuestas y allí está su respuesta.

Hay además un problema de fondo en apoyar una candidatura sobre todo en mediciones externas.

Las encuestas cambian de una semana a otra, dependen de metodologías distintas y, sobre todo, no generan una emoción colectiva perdurable.

Un número como "35.6% de intención de voto" o "14.1 puntos de ventaja" puede impresionar en un titular, pero no produce el mismo efecto de pertenencia que ver físicamente a miles de personas marchando por una causa compartida.

Las cifras se citan; las multitudes se recuerdan, y cuando una campaña multiplica el número de encuestadoras a las que recurre —Massive Caller un día, Rubrum al siguiente, CRIPESO después— también multiplica la sensación de que necesita reforzar constantemente un argumento que, de ser tan sólido, no requeriría tantas fuentes para sostenerse.

Inclusive, no se necesitaría tantos paleros de los medios ni tantas páginas de Facebook con publicidad pagada para repetir una y otra vez palabras disonantes en contra de Alfonso Sánchez García y la propia gobernadora para fundamentar un triunfo adelantado como también un posicionamiento en encuestas hechas a modo.

La mejor medición ya la habrá de hacer en su momento el CEN de Morena, no los aspirantes, no las mentiras, no los paleros, ni las encuestas falases cotidianas.

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