Crónica de una ofensa colectiva: El día que Rivera llamó estúpidos a los tlaxcaltecas a través de la prensa
Aquel día, la tensión se podía cortar con un cuchillo, pero nadie imaginó que Analilia Rivera detonaría una bomba contra la sociedad misma. Acorralada por los cuestionamientos sobre su insólito error de ubicar a Taiwán en México, la senadora perdió la brújula y el control. Al mirar a los periodistas y lanzarles la palabra estúpidos, no solo estaba insultando a un grupo de profesionales; estaba rompiendo el pacto sagrado de respeto con la ciudadanía. En ese instante, a través de las lentes de las cámaras, ofendió a cada persona que estaba del otro lado de la pantalla.
La noticia voló. En los mercados, en las escuelas y en las redes, el sentimiento fue unánime: "Nos está diciendo esto a nosotros". La gente entendió que el desprecio mostrado hacia los medios era, en realidad, un desprecio hacia el pueblo que esos medios representan. La indignación se propagó como un incendio forestal, atravesando clases sociales y filiaciones políticas. La senadora había agredido a todos los sectores al intentar silenciar a sus interlocutores con un insulto.
La respuesta llegó fría y contundente en forma de estadística. Cuando Algoritmo levantó su encuesta en enero de 2026, el resultado fue una caída drástica en las preferencias. Los encuestados no hablaban de propuestas, hablaban del insulto. Sentían la ofensa como algo personal. "Si insulta al que pregunta, me insulta a mí que quiero saber", fue el razonamiento colectivo. La caída en los números fue el reflejo de miles de puertas cerrándose en la cara de la senadora.
Hoy, la lección está escrita en los números rojos de su campaña. Analilia Rivera olvidó que la prensa es el eco de la sociedad. Al gritar estúpidos, su voz resonó en todo el estado, y Tlaxcala le respondió con el silencio del abandono electoral. Fue el día en que, por insultar a unos pocos, perdió a la mayoría.
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