Cuando el frío marca el ritmo: Gobernar bajo presión no es resistir el golpe, es leerlo antes de que llegue.

Cuando el frío marca el ritmo: Gobernar bajo presión no es resistir el golpe, es leerlo antes de que llegue.

“El que llega primero al terreno y espera al enemigo estará fresco para la batalla.” Sun Tzu

El ruido antes del golpe

Es una mañana fría. El termómetro marca sensación térmica de un grado. El cuerpo lo entiende antes que la cabeza. Querétaro amanece en silencio, pero no está quieto. Se empieza a mover. Despacio. Como se mueven las ciudades cuando el poder ya decidió algo y todavía no lo anuncia.

Sirvo el café y lo dejo enfriar. No por descuido, sino por método. Es el día de la candelaria, ese punto suspendido del calendario donde el año parece en pausa, pero la política no. No hay estridencia. No hace falta. Las decisiones importantes nunca entran haciendo ruido.

Aquí, ahora, le toca gobernar a Claudia Sheinbaum.

No administrar la herencia. No explicar el pasado. Gobernar.

Desde Washington, Donald Trump vuelve a colocar a México en su tablero. No como socio. Como problema. El guion es conocido, pero el tono es otro: cárteles redefinidos como organizaciones terroristas, amenazas de incursiones unilaterales, aranceles como castigo político, presión sobre Cuba, advertencias migratorias y diplomacia ejercida a través del ultimátum.

Nada de esto es improvisación. Es presión organizada.

Trump no prepara una invasión. Hace algo más eficaz: crea condiciones. Condiciones para negociar desde arriba, para forzar decisiones internas, para reducir márgenes de maniobra. El objetivo no es el territorio. Es el control del ritmo.

 

La herencia que pesa

México no llega a este momento limpio. Llega cargado. La política de abrazos, no balazos dejó una huella profunda: no solo violencia, sino territorio cedido, estructuras criminales fortalecidas y una percepción internacional de fragilidad estatal.

En estrategia, la percepción es terreno. Y el terreno importa.

Trump no inventa el marco. Lo aprovecha. El fentanilo, la violencia, los mapas de control criminal y los silencios prolongados del sexenio anterior alimentan un relato funcional: el de un Estado rebasado que necesita presión externa para reaccionar.

Sun Tzu advertía que el peor escenario no es perder una batalla, sino pelear en el terreno que el adversario eligió. México, durante años, permitió que ese terreno se definiera fuera.

 

La ofensiva sin disparos

La presión estadounidense no avanza en línea recta. Avanza por capas.

Seguridad, comercio, migración, energía, diplomacia. Cada frente por separado parece manejable. Juntos, asfixian el margen de decisión. Aranceles que castigan más políticamente que económicamente. Visas como mensaje selectivo. Cuba como ficha geopolítica. Extradiciones como moneda de confianza.

No es caos. Es método.

Trump no busca ganar una guerra. Busca ganar la negociación antes de sentarse. En términos de poder, es una jugada clásica: saturar para obligar a elegir mal.

 

Gobernar sin regalar el marco

Sheinbaum ha optado por una respuesta incómoda para muchos, pero racional: firmeza sin estridencia. Rechazo claro a cualquier intervención militar. Defensa de la soberanía. Cooperación medida. Resultados concretos.

No hay épica. Hay cálculo.

En lugar de gritar, despresuriza. En lugar de escalar, administra. En lugar de responder al ruido, se concentra en los hechos. No porque el riesgo sea menor, sino porque el adversario espera la sobrerreacción.

Gobernar bajo presión no es demostrar fuerza, es evitar el error.

 

El silencio que también presiona

Mientras Trump ocupa el escenario, otros actores operan en segundo plano. El silencio diplomático, las llamadas privadas, las advertencias formales. El poder real rara vez habla en voz alta.

Eso también es parte del cerco.

La presión no siempre se anuncia. A veces se normaliza. Y cuando se normaliza, se vuelve peligrosa.

 

Lo que no se puede repetir

México ya confundió una vez narrativa con realidad. Pensó que contener el discurso bastaba para contener al crimen. Hoy paga el costo externo de esa confusión.

No se trata de militarizar ni de aceptar tutelas. Se trata de algo más complejo y más difícil: reconstruir autoridad. Territorial, institucional y simbólica.

Sin eso, cualquier negociación será defensiva.

 

Escena final

El café sigue frío. Afuera, Querétaro ya está en movimiento. Autos, persianas, pasos rápidos para combatir el aire helado. El día avanza. El poder no espera.

Cierro la la Mac.

Este primer domingo de febrero no anuncia una crisis inmediata. Anuncia algo más serio: un ciclo de presión sostenida. Trump empuja la puerta porque percibe debilidad. No para entrar, sino para comprobar si alguien corre a abrirle.

Sun Tzu lo dejó escrito hace siglos: la verdadera victoria consiste en hacer innecesaria la batalla.

Hoy, gobernar bien significa exactamente eso: no pelear donde el adversario quiere.

El frío pasará.

El tablero seguirá ahí.

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