El 5M y la las redes sociales

El 5M y la las redes sociales

 

“Las redes sociales son el coliseo del siglo XXI: aquí no hay editores, no hay filtros, la información fluye en tiempo real y el que no domina la narrativa está condenado a la derrota”.

Esa frase de un estratega digital retumbó en un foro sobre comunicación política al que asistí hace poco. Y no pude evitar pensar en Querétaro, en su crisis de seguridad y, sobre todo, en la absoluta incapacidad del gobierno estatal para contener la narrativa de los hechos que lo golpean una y otra vez.

La violencia desatada el 5 de marzo de 2022 en el Estadio Corregidora de Querétaro no solo marcó un punto de quiebre en la seguridad pública del estado, sino que también evidenció la incapacidad del gobierno para gestionar crisis en la era digital. La tragedia expuso una administración inoperante, sin control sobre la narrativa pública y con una estrategia de comunicación que quedó atrapada en el siglo pasado. Años después, el 5M sigue siendo una herida abierta que simboliza un gobierno rebasado, sin rumbo ni capacidad de respuesta efectiva.

La violencia como detonante de una crisis política

El 5M fue más que un enfrentamiento entre grupos de aficionados: fue un colapso de las estructuras de seguridad del estado. Lo que comenzó como una riña en las gradas se convirtió en una batalla campal sin control, dejando a decenas de personas gravemente heridas y evidenciando la ausencia de una fuerza de seguridad capaz de intervenir de manera inmediata y eficaz.

Los videos de la violencia, grabados por los propios asistentes y transmitidos en redes sociales, mostraron a un gobierno paralizado. La ausencia de policías estatales y municipales en el estadio, la falta de protocolos de actuación y la nula capacidad de contención permitieron que la crisis escalara sin resistencia. Querétaro quedó expuesto ante México y el mundo como un estado donde la seguridad es un espejismo y donde el gobierno, lejos de gestionar la crisis, se convirtió en un espectador más.

Las redes sociales: el tribunal donde el gobierno fue sentenciado

El 5M confirmó que en la era digital, las crisis ya no se gestionan con comunicados institucionales ni con ruedas de prensa. La narrativa se construye en tiempo real, y el que no la domina está condenado a ser definido por ella. Plataformas como Twitter, Facebook, Instagram y TikTok se convirtieron en el campo de batalla donde la imagen del gobierno de Mauricio Kuri fue demolida.

Los videos de la violencia se viralizaron en minutos, cruzaron fronteras y ocuparon los titulares de medios internacionales. Querétaro dejó de ser percibido como un estado seguro y pasó a ser el epicentro de la barbarie en los estadios mexicanos. Y mientras el mundo observaba con indignación, el gobierno estatal guardaba silencio o lanzaba respuestas tardías y carentes de contundencia.

En el ajedrez político, no basta con reaccionar: hay que anticiparse. El gobierno de Kuri no solo llegó tarde a la conversación, sino que nunca logró recuperar el control del relato. En un ecosistema digital donde la información fluye sin intermediarios, la ausencia de una estrategia de narrativa política transmedia convirtió al 5M en una crisis inagotable.

Los síntomas de un gobierno en crisis permanente

Lo más grave no es solo que el gobierno haya fracasado en la gestión del 5M, sino que desde entonces ha demostrado no haber aprendido nada. El estado ha seguido acumulando crisis que, en cualquier otro escenario, habrían sido manejables, pero que aquí han terminado por amplificar la imagen de un gobierno descoordinado, sin reflejos políticos ni capacidad de operación.

Casos como la violación de la niña Esmeralda, la directora de gobierno, la rechifla al gobernador en un evento público, los asesinatos en el Bar Los Cantaritos y la detención en Querétaro de un político ligado a priistas y panistas muestran un patrón: el gobierno de Kuri carece de cohesión, de operación política y de una estrategia narrativa que le permita afrontar y contener los conflictos.

Cada crisis ha seguido el mismo guion: primero, el gobierno es sorprendido por la viralización de los hechos en redes sociales; después, responde con mensajes institucionales que nadie escucha; y finalmente, la indignación pública crece hasta que el escándalo lo sobrepasa. No hay estrategia, solo improvisación.

La narrativa del poder en la era digital

La política ya no se juega en los medios tradicionales, sino en las redes sociales. El que no entiende esto, está condenado a la irrelevancia. Y sin embargo, el gobierno de Querétaro sigue atrapado en una lógica de comunicación del siglo XX, donde se cree que las crisis se resuelven con boletines de prensa o conferencias controladas.

Hoy, la batalla por la percepción se libra en un ecosistema digital donde las audiencias son activas, donde la información circula sin filtros y donde el que no domina la narrativa es devorado por ella. En este escenario, la comunicación política debe ser transmedia: no basta con lanzar mensajes en un solo canal, hay que articular relatos en múltiples plataformas, con formatos distintos y con estrategias de respuesta inmediata.

El problema del gobierno de Mauricio Kuri no es solo su incapacidad para actuar en el espacio digital, sino su falta de comprensión sobre cómo se construyen las narrativas en la actualidad. Su estrategia sigue anclada en la lógica de la comunicación vertical, cuando el nuevo tablero de juego exige interacción, velocidad y capacidad de adaptación.

Lecciones no aprendidas y un futuro incierto

El 5M debió ser un punto de inflexión, una advertencia de que la seguridad estatal tenía grietas profundas y de que la comunicación gubernamental estaba completamente superada por las nuevas dinámicas de la opinión pública. Sin embargo, nada cambió.

La violencia no ha desaparecido, la percepción de inseguridad en Querétaro sigue creciendo y el gobierno continúa siendo incapaz de controlar la narrativa en tiempos de crisis. La falta de una estrategia integral ha permitido que cada nuevo escándalo no solo afecte la imagen del gobierno, sino que la agrave progresivamente.

La política es, en gran medida, el arte de construir relatos que den sentido a la realidad. En Querétaro, el relato del gobierno ha sido el de la inacción, la descoordinación y la incapacidad para enfrentar los desafíos de la era digital. Y en este nuevo tablero, los gobiernos que no saben jugar la partida están destinados a perderla.

Conclusión: el 5M como un parteaguas político

El 5M no solo expuso la fragilidad del sistema de seguridad en Querétaro, sino que marcó el inicio de una crisis narrativa que el gobierno de Mauricio Kuri nunca supo contener. Su incapacidad para gestionar la narrativa política en redes sociales, su falta de reflejos políticos y su visión anacrónica de la opinión pública lo han dejado atrapado en una crisis que él mismo alimenta con cada error.

En un mundo donde la política se juega en el espacio digital, el que no sabe construir y defender su narrativa está condenado a ser definido por sus adversarios. El gobierno de Querétaro ha demostrado no solo que no comprende esta lógica, sino que ni siquiera ha intentado adaptarse a ella.

La historia del 5M es la historia de un gobierno que, ante la crisis, eligió la pasividad. Y en la política, como en el ajedrez, la inacción es el camino más corto hacia la derrota.

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