El simbolismo político de Kuri en el Zócalo: entre pragmatismo y riesgo

El simbolismo político de Kuri en el Zócalo: entre pragmatismo y riesgo


“Cuando un opositor asiste al evento del poder, o se convierte en interlocutor o en subordinado. En el Zócalo, Mauricio Kuri apostó por la cooperación; el tiempo dirá si también cedió la narrativa política.”

La política es un lenguaje de símbolos. Un apretón de manos, un silencio oportuno o la elección de un escenario pueden comunicar tanto como un discurso extenso. La asistencia del gobernador panista Mauricio Kuri al evento de la presidenta Claudia Sheinbaum en el Zócalo el pasado 9 de marzo es un acto que trasciende lo anecdótico. En un México polarizado, donde la 4T y la oposición trazan líneas cada vez más marcadas, este gesto cobra un significado estratégico tanto para Kuri como para el movimiento encabezado por Sheinbaum.

El Zócalo: epicentro del poder y la narrativa de la 4T

El Zócalo capitalino es el espacio simbólico por excelencia en la política mexicana. Es ahí donde los presidentes han proclamado victorias, donde los movimientos sociales han alzado la voz y donde el poder se reafirma ante la mirada de la nación. Claudia Sheinbaum lo eligió para reafirmar su liderazgo y consolidar la narrativa del “segundo piso” de la Cuarta Transformación. No es casualidad que el evento se estructurara como una demostración de fuerza: miles de seguidores, un discurso con los ejes fundamentales del humanismo mexicano y una escenografía cargada de simbolismo institucional.

En este contexto, la presencia de Kuri se vuelve significativa. No solo porque representa a un partido que ha sido férreo opositor de la 4T, sino porque su asistencia sugiere una apertura política que descoloca a su propio partido. ¿Qué busca Kuri con este gesto? ¿Es un acto de pragmatismo político, un intento de evitar el aislamiento del PAN frente a un gobierno federal con amplio margen de maniobra, o una señal de debilidad en un momento en que la oposición lucha por redefinir su identidad?

Kuri y el dilema del prisionero: cooperación o sumisión

Desde la teoría de juegos, este evento puede analizarse como un dilema del prisionero en política. Kuri y Sheinbaum enfrentan decisiones estratégicas: cooperar o competir. Para Sheinbaum, la asistencia de un gobernador opositor a su evento es una validación indirecta de su liderazgo. Le permite proyectar una imagen de apertura y hegemonía, una 4T que, más que polarizar, incorpora. Para Kuri, el cálculo es más complejo. Su asistencia puede interpretarse como un intento de pragmatismo político: el gobernador de un estado clave que opta por la interlocución con el poder federal en lugar del enfrentamiento estéril.

Sin embargo, este gesto también puede ser leído como un acto de sumisión política. En un PAN fracturado y con liderazgos debilitados a nivel nacional, la imagen de un gobernador panista en el evento insignia de la 4T podría ser utilizada en su contra. Sus adversarios internos podrían señalarlo como un político que cede demasiado ante el gobierno federal, debilitando la ya frágil narrativa opositora.

El PAN en crisis: ¿concesión o estrategia?

El contexto dentro del PAN amplifica el impacto simbólico de este evento. Con una militancia desmotivada y una dirigencia nacional sin rumbo claro, el partido enfrenta el reto de articular una narrativa coherente frente a la 4T. La imagen de Kuri en el Zócalo podría ser vista como un síntoma de esta crisis, una muestra de que el partido carece de una estrategia clara y de liderazgos con la capacidad de enfrentar el avance de Morena.

Pero también existe otra lectura: Kuri, consciente de que la confrontación directa no ha rendido frutos para el PAN, podría estar apostando por una estrategia de reposicionamiento. En un contexto en el que la 4T domina el discurso público y el PAN se desdibuja, mostrarse como un político dispuesto al diálogo podría ser una forma de diferenciarse y ganar espacio en un nuevo tablero político.

El poder del simbolismo en la narrativa política

La política se construye a partir de símbolos, y este evento no es la excepción. La 4T entendió desde el inicio que la narrativa es un campo de disputa tan importante como el propio ejercicio del poder. El evento en el Zócalo es una muestra de ello: un escenario emblemático, un discurso estructurado con referencias al pasado y proyección de futuro, y la presencia de un opositor que, voluntaria o involuntariamente, refuerza la narrativa del movimiento.

Para Kuri, el reto ahora es cómo manejar las consecuencias de este acto. Si su presencia en el evento es utilizada por la 4T para reforzar su hegemonía, corre el riesgo de quedar atrapado en una imagen de concesión política. Si logra articular una narrativa propia, en la que justifique su asistencia como un acto de responsabilidad política sin renunciar a su identidad, podría convertir este riesgo en una oportunidad.

El simbolismo de este evento no radica solo en la asistencia de Kuri, sino en lo que representa: una oposición que, en el mejor de los casos, busca adaptarse a una nueva realidad política o, en el peor, se encuentra en un proceso de asimilación paulatina. En política, los gestos no son neutrales, y la historia reciente nos ha enseñado que los símbolos pueden definir elecciones, hegemonías y la propia supervivencia de los partidos.

 

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