
En Morena llegamos todas, y de pilón los Yunes
Por Mar Morales
Hay tiro en Morena y no es cosa menor.
La afiliación de pillos de la talla de Miguel Ángel Yunes Márquez al partido guinda ha puesto los pelos de punta a los morenistas, principalmente a los que habitan en el estado de Veracruz.
Y es que el hijo del ex gobernador, Miguel Ángel Yunes Linares, no solo es conocido por ser un malandrín, mentiroso y prófugo de la justicia. Los que lo conocen saben de su desprecio público hacia el partido fundado por Andrés Manuel López Obrador, a quien durante su campaña presidencial el patriarca del plan Yunes tachó de “loco y vividor del sistema”.
Miguel Ángel Yunes Márquez ha buscado por todos los medios colarse a las altas esferas del poder. Fue dos veces alcalde del municipio de Boca del Río, candidato a gobernador del estado en 2018 y candidato a la alcaldía del puerto de Veracruz en 2021, siendo “bajado” de la contienda por no acreditar su residencia en la ciudad y falsificar documentos oficiales en complicidad con su hermano Fernando, quien era el alcalde municipal. Esto desencadenó que Miguel fuera demandado por la vía penal, pero por razones extrañas su carpeta se archivó durante todo un sexenio y cuando se quiso desempolvar en las pasadas elecciones a la gubernatura del estado, se desencadenó el zafarrancho que todos conocemos: se fingió enfermo, se fue del país y se dijo víctima de persecución política. Lo cierto es que Morena se durmió y se tiró en la hamaca casi seis años, sin tocarlo ni con el pétalo de una rosa.
Si la Fiscalía hubiera actuado con prontitud, Miguel Yunes hubiera sido procesado y nada de esto estaría pasando. Pero ahora las circunstancias son para él y toda su tribu muy benévolas: tiene en Morena grandes aliados, que posan con él para la foto, lo llaman “amigo” y lo cuidan como a la niña de sus ojos.
Vaya papelón que están haciendo los senadores Adán Augusto López y Gerardo Fernández Noroña, quien no sueltan al chiqui Miguel y lo presumen como un trofeo, cuando en realidad su llegada a Morena pone en riesgo la unidad del partido, a pocos meses de la elección de los integrantes del Poder Judicial y sobre todo de las elecciones a las 212 alcaldías municipales en el estado de Veracruz, en donde los Yunes no se cansan, ni se cansarán, de quererse colar a toda costa y perpetuarse en el poder.
La llegada de Yunes a Morena es una muy mala señal también para las mujeres, que pensamos que con la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia nuestros derechos estarían protegidos y acabaríamos con un sistema patriarcal y opresor contra el cual hemos luchado por décadas.
Durante la campaña a la gubernatura del estado Rocío Nahle fue víctima de una brutal campaña de desprestigio por parte de esta familia, que vieron amenazados sus cotos de poder y trataron de impedir a toda costa que la hoy gobernadora llegara al gobierno del estado. Aceptarlos en Morena es traicionar a Nahle y de pilón a todas, que vemos una vez más que son ellos, los hombres, quienes toman las decisiones importantes en las esferas políticas. ¿Acaso Adán Augusto y Noroña pensaron en las ofensas que recibió Rocío, fundadora, por cierto de Morena, por parte de estos señores?
La respuesta de la gobernadora de Veracruz y de militantes morenistas de ese estado no se ha hecho esperar. Por todo lados leemos desplegados en contra de los Yunes y apoyando a Rocío, quien incluso solicitó a la Comisión de Honestidad y Justicia de Morena para no acreditar la membresía del exsenador, hoy de Morena, antes miembro del Partido Acción Nacional (PAN), pues esto significaría una ofensa a los militantes guindas de Veracruz. Aún estamos en espera de la respuesta, aunque nos queda la duda de quién se echará ese trompo a la uña, si en lugar de frenar las aspiraciones de los ex panistas andan junto a ellos derramando miel como recién casados.
Sobre todo, nos queda la duda de cuál será la reacción de estos señores si no les abren las puertas de Morena, ya que lo suyo, lo suyo, no es precisamente aceptar la derrota.
El próximo proceso electoral en Veracruz no parece ser precisamente amigable y si los Yunes son aceptados, mejor dicho impuestos por los “grandes”, habrá tormenta, y fea.
El discurso presidencial de que “llegamos todas” debe aplicar sí o sí para erradicar la violencia política y el acoso que vivió la gobernadora de Veracruz y esto incluye no aceptar a los Yunes en Morena, de lo contrario, estaremos ante un terrible acto de incongruencia, amén de una burla hacia los militantes del partido y, sobra decirlo, una burla a la sociedad veracruzana, que pasará la factura en las urnas este primero de junio.
Comentarios