La derrota que podría no ser derrota
En Tlaxcala la guerra empieza cuando termine la encuesta ¿qué no?
En Tlaxcala la pregunta es ¿Quién crees que gane? Y sólo hay 2 posibles nombres, Ana Lilia Rivera Rivera o Alfonso Sánchez García.
Esas 2 maquinarias políticas son las únicas 2 con peso real, no son 2 candidaturas de trámite, pues.
Alfonso Sánchez García llega con estructura territorial, giras que ya se cuentan por municipio y un discurso de continuidad de la 4T que repite hasta el cansancio, arriba al cierre de las encuestas con una estructura bien montada, para nadie es secreteo que la estructura gubernamental lo apoya, lo mismo la de partido, la propia de él, la emanada de la Asociación de Autoridades Municipales de al menos 40 municipios, la simpatía de muchos trabajadores del gobierno federal originarios de la entidad, eso no es poca cosa.
Ana Lilia Rivera llega con algo que no se improvisa, una trayectoria de veintitantos años de trabajo político, PRD incluido, y una serie de nombres ligados al PRI y al PAN que le representan un lastre más que consolidación, sin embargo, llega con una simpatía social nada despreciable, considerando que muchos de ellos, están ligados a grupos locales en municipios sobre todo del sur, como es el caso de Zacatelco donde su alcalde ha proporcionado harto respaldo o bien el caso de Totolac, que ha dejado más que claro su compromiso con la senadora con licencia.
Pero seamos honestos, lo que cada uno de ellos construyó como proyecto de ese tamaño pretende entregarlo el día que pierda una encuesta.
Andres Manuel López Obrador lo dijo fuerte y claro, “En Morena no son cargos, son encargos”. Aquí lo verdaderamente sobresaliente será quien se queda a jugar en el patio de recreo electoral después de los resultados de las encuestas ¿verdad?
Sánchez García de manera muy congruente lo sabe y por eso ya blindó el discurso, dijo, en público, que gane o pierda va a privilegiar la unidad del movimiento. Es la clase de frase que se dice precisamente cuando uno tiene la certeza de algo.
Pero vayamos al terreno de los escenarios, ¿Cuál es el menú de Sánchez García si no es designado coordinador?
Tiene 3 salidas. La primera es sentarse a la mesa: aceptar el resultado, quedarse dentro de Morena y cobrar la factura después, como pieza fuerte del equipo ganador — su capital territorial no se evapora de la noche a la mañana, y eso vale para negociar cuota que no es menor, no solo aplausos, porque a la hora de demostrar los votos aportados, su peso es mucho más trascendente e importante, por eso quien encabece la coordinación deberá sentarse con él en primerísimo lugar para lograr una negociación equilibrada para no estar en riesgo de perder la elección.
La segunda es quedarse pero sin arrodillarse, convertirse en jefe de una corriente propia dentro del partido, sin romper nada en público, dejando que el gobierno entrante entienda que necesita negociar con él tarde o temprano, porque de no hacerlo desde el minuto uno, se acabó Morena en Tlaxcala.
En la política mexicana esto es casi un clásico — no hace falta dar un portazo para volverse un dolor de cabeza permanente.
La tercera es la de mayor riesgo para Morena, salir. El partido del Trabajo o El Partido Verde —O bien los 2— es la puerta más lógica, no porque haya ya un acuerdo —no lo hay, y afirmarlo sería inventar— sino porque el PVEM ya com
e en la misma mesa que Morena y el PT dentro de la coalición, y sus estructuras locales podrían darle aterrizaje a un perfil que venga de fuera.
En junio, sin ir más lejos, Salvador Santos Cedillo se registró justo en ese proceso de la coalición gobernante pero con la meta de convertirse en candidato a Diputado Federal, no seamos ilusos pensando que puede disputar la gubernatura, sobre todo cuando hay un proceso penal que tiene abierto.
Hay otro partido político que ya tiene las puertas abiertas y oferta en mano, esa es la otra opción sobre la mesa, ahí no cargaría con el desgaste de la pelea interna ajena, y sabemos que Sánchez García no es sólo su apellido, recordemos que tiene una estructura de peso considerable y cuenta con una extraordinaria operadora política apersonada por su esposa, Marcela González Castillo, que es y ha sido coyuntural hasta el día de hoy y además de todo, cuenta con la simpatía de la gobernadora Lorena Cuellar Cisneros, que aunque muchos no quieran reconocerlo, ha entregado buenos resultados políticos a la presidenta Claudia Sheinbaum, mérito que nadie más puede adjudicarse en Tlaxcala.
Ahora veamos el menú de Rivera Rivera si pierde
Es otro escenario muy diferente, a Rivera Rivera nadie le puede decir que se le acabó la carrera si pierde una interna, ya sobrevivió a algunos ciclos de la izquierda mexicana como para que una derrota la borre del mapa, puede quedarse en Morena, cobrar su peso político si la candidatura ganadora la necesita para sumar votos.
Puede armar su propia corriente y esperar su turno en lo legislativo federal para concluir su gestión en el senado o trabajar lo municipal. Pero como Alfonso Sánchez García, tiene dos jugadas políticas.
La primera es el PT —tampoco hay un pacto confirmado con Rivera Rivera, sino porque ideológicamente le queda más cómodo que cualquier oposición tradicional, y porque el PT trae ya semanas de fricción abierta con Morena en otros estados y como medida de amague podría optar por romper alianzas y robarse a los segundos lugares, al punto de que su dirigencia ha hablado de ir por su cuenta en algunos estados aunque el caso no sea Tlaxcala, pero podría ser.
La segunda es el PRD, y aquí la ironía se sirve sola, Rivera Rivera no tendría que aprender esa cultura política porque ya la vivió por dentro durante 14 años y caminando de la mano de su padre como legislador local, entre los años 2000 y 2014.
Sólo tiene un defecto, el obstáculo en el PRD no es cultural, es aritmético, el PRD de hoy pesa una fracción de lo que pesaba entonces, y volver ahí sería reconstruir casi de cero en medio de un liderazgo caudillista que sólo pesa porque dice que pesa y aunque Ana Lilia perdiera la elección, el PRD ganaría peso y en alguna medida, competitividad.
Lo que de verdad se está calculando del PAN y el PRI no hay ni una pista firme de que negocien con alguno de los 2 —decir lo contrario sería periodismo de wishful thinking como lo dicen algunos sesudos de las redes que hacen grilla en lugar de periodismo y chismes de vecindad en lugar de opinión, porque no se hace opinión tildando a los demás de apelativos o adjetivos proferidos desde las entrañas del desdén o la conveniencia personal.
Lo que sí hacen ambos partidos es mover fichas por su cuenta, el PAN ya arrancó formalmente su proceso de candidaturas en varios estados, Tlaxcala entre ellos.
Pero lo que importa no es imaginar a Sánchez con playera distinta al guinda o a Rivera con una amarilla.
Importa la aritmética fría, cuánto poder le queda a cada uno el día después de perder la encuesta de Morena.
Una cosa es perder una encuesta; otra, muy distinta, es perder la estructura. Sánchez se queda con territorio, músculo de movilización y recursos. Rivera se queda con trayectoria, contactos y memoria.
Uno es la corriente que sube; la otra, la que ya sabe dónde están enterrados los cuerpos políticos del estado, y ahí está el verdadero riesgo para Morena.
Si el proceso deja un ganador que el otro bando también reconoce, la pelea de hoy se convierte en músculo ideal para que en 2027, se reafirme como primera fuerza política demostrando hegemonía y liderazgo.
Pero quien pierda concluye que la encuesta solo fue el pretexto para sacarla del camino, el pleito se vuelve una subasta externa por los votos, los cuadros y la estructura que ese segundo lugar se lleva bajo el brazo.
Dependiendo de quien sea, podría ser más o menos barata o podría ser algo cara. Morena sigue mandando en todas las mediciones disponibles: SRC la puso en 53% en septiembre, contra 9.2% del PRI, 7.5% del PAN y 6.7% de MC; MetaMetrics había colocado en agosto al bloque Morena-PT-Verde en 45.7%. Las cifras no calzan exactas entre sí —cada quien mide distinto y en fechas distintas— pero apuntan al mismo lugar, el activo electoral más grande de Tlaxcala sigue siendo el bloque en el poder.
Salirse de Morena, para cualquiera de los dos, es jugarse la carrera política entera en una sola mano.
Por eso lo más probable no es la ruptura de portazo, sino la negociación de bajo perfil que arranca justo el día en que se conozca el nombre ganador y no se trata de que se ponga en tela de juicio el resultado, porque sería dar patadas al pesebre, se trata sino de la congruencia política de cada quien.
Porque en el Tlaxcala de hoy, el segundo está reservado para la oposición, tal y como está la composición geopolítica local, después de los resultados de la convocatoria, ya veremos dijo un ciego.
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