La fiesta de Alfonso, reto superado

La fiesta de Alfonso, reto superado

La política tiene una peculiaridad: rara vez existe unanimidad en la interpretación de los hechos. Lo ocurrido el domingo en Tlaxcala, durante las actividades para escuchar y respaldar el mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum, no fue la excepción.

Para algunos observadores y actores de oposición, el evento tuvo claros tintes de proselitismo político. Para otros, se trató prácticamente de una fiesta organizada por la gobernadora. Quizá ambas lecturas tengan elementos válidos. Lo cierto es que, más allá de los calificativos, la jornada permitió medir algo que en política siempre resulta relevante: la capacidad real de convocatoria de quienes gobiernan.

Y en ese terreno, uno de los nombres que salió fortalecido fue el del alcalde Alfonso Sánchez García.

Durante años, en la política tlaxcalteca se ha confundido la presencia mediática con el trabajo territorial. Sin embargo, eventos como el del domingo suelen revelar una realidad distinta. La movilización, la organización y la capacidad para sumar voluntades no se improvisan de una semana para otra. Son el resultado de estructuras políticas, equipos de trabajo y presencia constante en el territorio.

Por eso, más allá del respaldo institucional de la gobernadora, la jornada también permitió observar el músculo político que Alfonso Sánchez García ha venido construyendo en la capital. Un músculo que algunos minimizan, pero que apareció con claridad cuando llegó el momento de responder a una convocatoria de gran escala.

La asistencia y la participación ciudadana no necesariamente significan unanimidad política, pero sí son indicadores de capacidad de organización. Y en política, la organización sigue siendo una de las monedas más valiosas.

Desde luego, habrá quienes insistan en que se trató simplemente de un acto oficial o de una demostración impulsada desde el poder estatal. Pero incluso aceptando esa premisa, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quiénes fueron capaces de cumplir con la tarea? La respuesta quedó a la vista.

La gobernadora mostró nuevamente capacidad de liderazgo y coordinación política. Alfonso Sánchez García, por su parte, demostró que detrás de su administración existe una estructura territorial que responde, moviliza y acompaña los proyectos políticos con los que se identifica.

En tiempos donde muchos liderazgos se construyen exclusivamente desde las redes sociales o los discursos, el domingo recordó una vieja lección de la política mexicana: el verdadero músculo se mide en el territorio. Y en esa prueba, tanto la gobernadora como el alcalde de la capital parecen haber obtenido una calificación aprobatoria.

Si el evento fue una fiesta política, resultó exitosa. Si fue una muestra de respaldo a la presidenta, cumplió su propósito. Y si además sirvió para dimensionar el peso político de Alfonso Sánchez García en la capital del estado, entonces el resultado fue todavía más revelador.

Reto planteado. Reto superado.

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