La normalización de la violencia
El asesinato de una familia en Atizapán obliga a preguntarnos algo más profundo que quién disparó. Nos obliga a preguntarnos qué le está pasando a México.
Un músico, su esposa embarazada, su pequeña hija y una joven trabajadora fueron asesinados dentro de un departamento. Un niño de seis años sobrevivió.
Si una controversia puede terminar en el exterminio de una familia, el problema trasciende la seguridad pública: estamos frente a una peligrosa normalización de la violencia.
México registró 33,241 homicidios en 2024: más de 90 personas asesinadas cada día. Mientras millones desayunan, trabajan o llevan a sus hijos a la escuela, en promedio una persona pierde violentamente la vida cada pocos minutos.
México acumula además más de 130 mil personas desaparecidas. No son expedientes: son madres buscando con una pala, familias esperando una llamada y sillas que permanecen vacías.
Pero quizá el dato que mejor explica nuestra vida cotidiana es otro: la ENVIPE estimó 33.5 millones de delitos en 2024 y una cifra negra de 93.2%.
La impunidad se paga todos los días.
La paga el comerciante que cierra temprano por miedo. La familia que instala cámaras, rejas y alarmas. La mujer que cambia de ruta. El padre que acompaña a su hija porque ya no se siente seguro dejarla regresar sola. La paga quien pierde horas denunciando y termina convencido de que nada ocurrirá. La paga el pequeño empresario que incorpora el robo, la extorsión o la seguridad privada como un costo más de operar.
Y la paga toda la sociedad cuando aprende que delinquir puede no tener consecuencias.
Eso es lo verdaderamente corrosivo: la impunidad modifica conductas, horarios, inversiones, relaciones y libertades.
Homicidios, desapariciones e impunidad dejan entonces de ser cifras y se convierten en una forma de vida.
Ésa es la postración social que vive México.
El Estado debe recuperar su obligación esencial: garantizar la paz pública y hacer cierto el castigo.
Porque cuando la violencia organiza nuestra rutina y la impunidad determina nuestras decisiones, el crimen ya no controla solamente territorios:
empieza a gobernar nuestra vida cotidiana.
Gustavo Buenrostro
@fansdestacados
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