Narcocorridos, redes sociales y la abuela sicaria: ¿nos gusta consumir violencia?

Narcocorridos, redes sociales y la abuela sicaria: ¿nos gusta consumir violencia?

Por Mar Morales

 

Vaya escándalo ocurrido en días pasados cuando en Guadalajara los Alegres del Barranco homenajearon a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Escándalo no solo por hacer parecer como un héroe al narcotraficante, sino porque esto se da en el marco del hallazgo del Rancho Izaguirre, también en Jalisco.

Pareció indignante que en medio de la tragedia de los desaparecidos y posibles asesinados en ese lugar el grupo musical elogiara las hazañas del personaje en narcocorridos, género controvertido en nuestra sociedad, ya que por un lado se dice se deben sancionar y por otro se alega que frenarlos es un ataque a la libertad de expresión.

Algo es cierto: en los narcocorridos se presenta a los capos como figuras admirables, casi como un ejemplo a seguir.

Dadas las temáticas de las canciones, se dice que se debe investigar a los autores y los cantantes de este género musical, pues podrían estar financiados por el crimen organizado.

En los conciertos donde se presentan estos populares artistas, los jóvenes cantan, bailan y se emocionan al escuchar la historia de delincuentes, pero que han obtenido lujos, riquezas y poder a costa del sufrimiento de millones de personas.

Los admiran, sí, porque creen que solo ellos han logrado un estatus en la sociedad que contrasta con la falta de oportunidades de quienes siguen viviendo en la pobreza extrema y la marginación.

Hay en todo esto otro factor no menos alarmante: nos estamos acostumbrando a consumir violencia.

Por medio de las redes sociales se exhibe el crimen sin recato alguno y mientras más espantoso, es más viral.

Ayer tuvimos el episodio de la llamada “Abuelita sicaria” , mujer de 74 años que mató a sangre fría a quienes invadieron su propiedad, delincuentes, por cierto, que se exhibían en sus perfiles con armas de fuego y ante la omisión o lentitud de la justicia, prefirió hacer justicia por su propia mano.

Todo este desastre en nuestra sociedad se desarrolla mientras Estados Unidos le exige al gobierno federal que frene el tráfico de drogas y la delincuencia organizada para evitar que los migrantes lo lleven a su país, o de lo contrario nos castigará con aranceles. 

Pese a que a la fecha hemos librado esta batalla, si seguimos disfrutando de la violencia cantada, en redes sociales o en la vida cotidiana, no solo seremos castigados por el vecino del norte, ( que a estas alturas ya parece que a Donald Trump nadie le cree nada), lo más grave que nos puede pasar es que nuestros hijos, sobrinos y nietos  les guste escuchar que los héroes de nuestra historia llevan armas, consumen y trafican con droga y a cualquiera pueden asesinar.

Si no frenamos nosotros desde casa que los más pequeños se emocionen a estos tiempos violentos, cada día podemos estar peor.  

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