Tlaxcala se ahoga en su basura (y nadie da la cara)
Sesenta municipios, un solo hoyo y dos años y medio de aviso. La emergencia ambiental no cayó del cielo: la fabricaron la omisión, la improvisación y la costumbre de gobernar a base de declaratorias.
Sesenta municipios. Un solo hoyo. Eso es lo que quedó del sistema de basura de Tlaxcala el 15 de octubre, cuando la gobernadora Lorena Cuéllar publicó en el Periódico Oficial una declaratoria de emergencia ambiental porque el sitio de disposición final «Morelos», en Atlangatepec, está saturado. No lo digo yo: lo dice el propio documento. Ese es, textualmente, el único sitio donde hoy los municipios del estado tiran su basura.
Lo que sigue no es una crónica de la desgracia. Es la cuenta de cómo se llegó aquí, con los números que el gobierno no puso sobre la mesa y con las fechas que preferiría que nadie ordenara.
Los números
Empecemos por lo básico. De 60 municipios a 1: esa es la distancia entre el sistema que tenía el estado y el que tiene hoy. Sesenta ayuntamientos dependen de un solo sitio saturado.
Ahora, cuánta basura es esa. Tomemos a los 1,417,240 habitantes que arrojó la Encuesta Intercensal 2025 y multipliquemos por el índice de generación diaria que cita la propia declaratoria: entre 0.87 y 1.14 kilos por persona. El resultado es de 1,233 a 1,616 toneladas de basura al día. Dicho de otro modo: de 40 a 55 camiones de volteo de 30 toneladas, llenos, todos los días, sin domingos ni vacaciones. (El cálculo es propio y no es un dato oficial de ingreso al sitio; el gobierno tiene la obligación de publicar el verdadero.)
Y mientras tanto, 49 o más municipios ya suspendieron sus rutas de recolección. ¿Adónde cree usted que va la basura cuando el camión no pasa? A la esquina, a la calle, al espacio público, a la barranca. Y con las lluvias, al río.
Esto se veía venir desde hace 2 años y medio
No fue un accidente ni un golpe de mala suerte. Fue una cuenta regresiva con fechas, sellos y oficios.
En enero de 2024 se declaró la primera emergencia ambiental, por la mala calidad del relleno «Tonsil». El 8 de abril de 2024, PROFEPA clausuró parcialmente los cuatro sitios del estado (Calpulalpan, Atlangatepec, Huamantla y Panotla): solo podían recibir el 70 % de lo habitual. El 4 de junio de 2025, ordenó la clausura total de los cuatro. En noviembre de 2025, el estado empezó a cerrar Panotla y Huamantla. Hasta junio de 2026 se avisó a los municipios y se les pidió un plan, y la mayoría respondió con «campañas». Y el 15 de octubre de 2026, todo desembocó en Atlangatepec, con emergencia incluida.
30, 16, 11 y 4
Pongamos el reloj en la mano. Cuánto tiempo hubo para prepararse, según desde dónde se cuente:
30 meses desde que PROFEPA dijo que algo andaba mal en la disposición de basura, pero no fue gratuito ni porque el delegado de membrete David Figueroa Bustos haya actuado conforme a sus responsabilidades, pero antes de él estuvo otro incompetente de nombre Israel Tlalmis Corona y si nos vamos para atrás, este asunto lleva décadas posponiéndose por sexenios enteros justificados por burócratas a los que sólo les importa ser salameros con el poder sin importar el costo ambiental para la entidad, hace 30 meses, léase bien, 30 meses, la maquinaria empezó a moverse, pero no por voluntad del gobierno ni federal ni local, sino por presión de Carlos Álvarez Flores, un ambientalista de larga trayectoria reconocida a nivel nacional y en los círculos de la defensa ambientalista..
16 meses desde que se ordenó cerrar todo.
11 meses desde que el propio estado empezó a cerrar sitios por instrucción de Semartat, a quien no le quedaba otra que atender el problema ambiental que podría derivar en uno sanitario, pero sobre todo por el peso de las responsabilidades jurídicas y hasta penales por las denuncias hechas por Álvarez Flores en la FGR.
4 meses desde que se les avisó a los ayuntamientos, que son, por mandato constitucional, los responsables del servicio. Treinta, dieciséis, once y cuatro meses en los que no se construyó un solo lugar alterno. Se cerró la puerta antes de abrir otra, y ahora se grita «emergencia».
4 sitios, un solo tiradero a cielo abierto (¿Cómo no iba a ser un desastre ambiental?)
Así quedó el mapa de la basura en el estado, entre lo que se prometió y lo que hay:
Los 4 sitios ya estaban en la mira de PROFEPA, el estado dejó 3 cerrándose y 1 carganto toda las basura del estado.
La pregunta que debería responder alguien con nombre y apellido es por qué se cerraron sitios sin tener listo adónde llevar la basura.
La respuesta está a la vista: 60 municipios atascados en un solo hoyo que es más su responsabilidad que del poder Ejecutivo ¿Eh?, ojo.
La emergencia como método de gobierno
Ya habían declarado una en 2024. Ahora, otra. Declarar emergencias no es gobernar, es admitir que no se ha tenido la capacidad colocar a personas con el perfil ideal para el desempeño de los cargos. Una emergencia no sustituye a una planta, a un relleno bien operado ni a un sistema de recolección que funcione.
Y cuidado con lo que trae esta declaratoria, porque la Secretaría de Medio Ambiente podrá firmar convenios con municipios, empresas y asociaciones y comprar lo necesario «por los procesos más ágiles».
El documento (el de la última emergencia) no dice cuánta capacidad le queda a Atlangatepec, ni a qué sitio se llevará la basura después, ni cuánto costará, ni cuándo se espera resolver.
Tampoco obliga a publicar los convenios ni las compras «ágiles». Y no tiene fecha de término porque seguramente durará hasta que el gobierno publique que terminó, pero recordemos que a esta administración le quedan 10 meses para que concluya.
Del lado de la gente, lo que sí trae la declaratoria es castigo. Seguridad Ciudadana y Protección Civil harán recorridos para evitar que se tire basura en la calle; la Procuraduría Ambiental vigilará que nadie la vierta en barrancas —Aunque sí lo estén haciendo— y quien sea sorprendido tirando en sitios no autorizados será sancionado (Ay Ajá).
Son 2 de 6 artículos dedicados a vigilar y sancionar a la ciudadanía. ¿Cuántos fijan metas de reducción, separación o reciclaje? Ninguno.
Los ayuntamientos tampoco se salvan, la Constitución les da la responsabilidad para gestionar el destino final del servicio de basura.
Durante décadas se cruzaron de brazos y dejaron que el estado cargara con todo, sin construir una sola alternativa propia han ido y venido presidentes municipales sin que ninguno asuma las consecuencias de su desatención y prevención.
Cuando en junio de 2026 les pidieron un plan, la mayoría presentó campañas ciudadanas, campañas y más campañas, pero no se ha visto ningún plan y según las bitácoras del sitio, la basura que ingresaba al tiradero (que no relleno sanitario) no bajó.
Después, más de 49 municipios suspendieron sus rutas de recolección y el problema se mudó a la calle, con el riesgo que ya conocemos, que la lluvia lo arrastre a barrancas y ríos generando una contaminación descontrolada de la que nadie quiere hacerse responsable ni nadie reconocerá que es su culpa.
Para ser justos: el gobierno estatal sostiene que los municipios no tenían capacidad financiera ni técnica, y que la clausura fue una resolución federal de PROFEPA y que la ley pone el servicio en manos municipales.
Pero también es cierto que el estado administró estos sitios por décadas y no los dejó listos, no realizó las acciones correspondientes. Las dos cosas son verdad a la vez, y ninguna de los dos niveles de gobierno salen limpios.
Relleno sanitario no es tiradero
Un relleno sanitario bien operado es mucho mejor que un tiradero a cielo abierto (Como el de Atlangatepec). Tiene base impermeable que capta el lixiviado —el líquido que escurre de la basura—, compacta y cubre los residuos cada día, controla el biogás y se monitorea bajo la norma NOM-083.
El tiradero, en cambio, filtra ese líquido al suelo y al agua, deja la basura expuesta a moscas, ratas, humo e incendios, deja escapar o quema el metano sin control y casi no tiene vigilancia. Y mientras el relleno cuesta mucho construirlo y operarlo, el tiradero es «barato» hoy y carísimo mañana, en salud y en limpieza.
El problema es que lo que Tlaxcala ha tenido se llamaba relleno y PROFEPA determinó que no cumplía con la NOM-083; en la práctica, un relleno mal operado se parece demasiado a un tiradero.
En temporada de lluvias se han reportado deslaves de residuos hacia la carretera Tlaxco–Apizaco, junto a Atlangatepec. Con eso le digo todo.
Y aun si se hiciera bien, el relleno ni siquiera es la solución final, es el último eslabón de una cadena que debería empezar por generar menos basura y aprovechar la que sí sirve.
Lo que toca exigir como ciudadanos
- Transparencia ya. Publicar cuánta capacidad le queda a Atlangatepec, cuántas toneladas entran, cuánto se gasta, con un informe público periódico.
- Un plan con fechas. Sitios alternos o regionales operados conforme a la NOM-083, con estudio de impacto ambiental y consulta a las comunidades vecinas.
- Cuentas claras en las compras de emergencia. Convenios y adquisiciones publicados y vigilados por el Órgano de Fiscalización y por la ciudadanía.
- Regionalizar. Varios municipios compartiendo un relleno bien operado, con cuotas justas (no regaladas como se hace hoy) y responsabilidades escritas.
- Reducir lo que llega. Separar en origen y hacer composta de la basura orgánica, que suele ser cerca de la mitad de los residuos urbanos en México, y recuperar lo reciclable.
- Municipios. Restablecer rutas con calendarios, mejorar camiones y personal y dejar de tirar en barrancas.
- Ciudadanía. Separar la basura, no sacarla a la calle si no pasa el camión y exigir información.
La pregunta que sigue sin respuesta
La emergencia es real y requiere medidas urgentes. Nadie lo duda. Pero hay una pregunta que ninguna declaratoria responde: ¿Por qué se dejó llegar hasta el límite pudiendo haberlo evitado, y cuál es el plan para que no se repita?.
Porque si la respuesta es otra declaratoria, ya sabemos cómo termina: con Tlaxcala, otra vez, cubierta de basura.
Fuentes y nota metodológica. Declaratoria de Emergencia Ambiental, Periódico Oficial No. 1 Extraordinario (15/10/2026); Declaratoria de enero de 2024 (relleno «Tonsil»); análisis preliminar de apoyo. Las cifras de generación de basura son estimaciones propias a partir de datos de la declaratoria y de la Encuesta Intercensal 2025.
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Alejandro Aguilar Gómez, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Altiplano, es periodista y empresario de medios con más de tres décadas de trayectoria. Fundador y CEO de Grupo Monitor, dueña de los portales de noticias Monitor Xpress y MX en la Noticia. Ha sido jefe de información en prensa escrita, director de noticiarios radiofónicos. Es Presidente Fundador del Colegio de Periodistas y Comunicadores de Tlaxcala A.C. y ha recibido 2 Doctorados Honoris Causa por su contribución al periodismo en México (UDS Global University campus Nuevo León y Colegio de Periodistas de Tamaulipas). Reconocido especialista en comunicación estratégica, marketing político y gestión de crisis, combina la praxis periodística con la consultoría política y la innovación en tecnologías de opinión pública. Certificado como Director de Comunicaciones StratCom 2026 campus Miami, Flo.
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