El neoliberalismo no cayó del cielo: Lo diseñaron, y Foucault lo demostró hace más de 40 años
Por Melchisedech D. Angulo
El curso que Michel Foucault dictó en el Collège de France entre 1978 y 1979, publicado como El nacimiento de la biopolítica, sigue siendo una de las herramientas más incómodas para quienes insisten en presentar al mercado como un fenómeno natural, ajeno a toda decisión política. Foucault desmontó esa ficción: mostró que el neoliberalismo no es la ausencia de gobierno, sino una forma de gobierno particularmente invasiva, que organiza activamente la competencia, interviene sobre la conducta y extiende la lógica económica a la familia, la educación, la salud y hasta la criminalidad. No se trata de un mero "dejar hacer", el modelo que hoy se presenta como sentido común fue, y sigue siendo, una construcción deliberada.
El filósofo francés reconstruyó cómo el liberalismo del siglo XVIII instaló al mercado como "lugar de veridicción", es decir, como el sitio donde se decide qué es verdadero y qué es falso en materia de política económica. Bajo esa lógica, cualquier intervención estatal en favor de derechos sociales queda automáticamente sospechada de "distorsionar" mecanismos supuestamente naturales. Foucault advirtió que esa supuesta naturalidad es un artificio discursivo: el mercado no revela una verdad universal, sino que impone una verdad funcional a determinados intereses.
Más incómodo todavía resulta su análisis del ordoliberalismo alemán y del neoliberalismo de la Escuela de Chicago, con Gary Becker a la cabeza. Ahí el Estado no desaparece: se reconvierte en garante activo de la competencia, promotor de un mercado que debe ser construido y sostenido con leyes, instituciones y políticas específicas. La competencia, señala Foucault, no es espontánea: hay que producirla. Y para producirla, el Estado neoliberal despliega una batería de intervenciones que en nada se parecen al "Estado mínimo" que sus propios voceros dicen defender.
El curso introduce además una figura que hoy resulta profundamente familiar: el "empresario de sí mismo". Bajo el paradigma del capital humano, la educación deja de pensarse como derecho social para convertirse en inversión individual; la salud se transforma en gestión de riesgos personales; el desempleo, en fracaso propio antes que en falla estructural. Foucault mostró con dos décadas de anticipación el mecanismo que hoy explica buena parte del malestar social contemporáneo: un sistema que traslada al individuo la responsabilidad de garantizar aquello que antes era función colectiva del Estado.
Ese diagnóstico explica por qué, tras la crisis de 2008 y el ascenso de los populismos de derecha en distintas regiones, especialistas de todo el espectro académico volvieron a leer estas lecciones para entender la desarticulación del Estado de bienestar. No tiene nada que ver con la nostalgia por el pasado, sino de reconocer un patrón: cuando se presenta como "modernización" o "eficiencia" el desmantelamiento de políticas públicas, suele haber detrás una racionalidad de gobierno específica, con nombre, historia y arquitectura teórica propia, tal como la describió Foucault.
@_Melchisedech
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