Sheinbaum expone la red de ultraderecha que financia a think tanks opositores mientras el gobierno consolida su proyecto de nación en el territorio

Sheinbaum expone la red de ultraderecha que financia a think tanks opositores mientras el gobierno consolida su proyecto de nación en el territorio

La gira presidencial por Puebla del 8 y 9 de agosto dejó en evidencia, una vez más, el contraste entre dos proyectos de país que hoy se disputan el rumbo de México. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo recorría comunidades para entregar viviendas del programa Bienestar y encabezar la Jornada Nacional de Reforestación 2026 —con más de 241 mil personas sembrando 6.6 millones de árboles en 32 mil hectáreas—, se reafirmó una verdad que el gobierno de la Cuarta Transformación señala desde la máxima tribuna: detrás de buena parte de la crítica organizada contra el proyecto transformador existe una red internacional de financiamiento con agenda propia, Atlas Network.

La propia presidenta lo ha dicho sin rodeos: el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) "tiene también financiamiento de Atlas Network, que es esta organización internacional de ultraderecha". No se trata de una acusación menor. Atlas Network es un consorcio que agrupa a cerca de 500 think tanks en el mundo, financia liderazgos de opinión, entrena vocerías digitales y coordina narrativas orientadas a debilitar al Estado, reducir la regulación y frenar cualquier intento de justicia social. En México, ese ecosistema se extiende hacia organizaciones como México Evalúa, Caminos de la Libertad y Fundación Disenso —esta última presidida por el español Santiago Abascal, de Vox— además del propio IMCO, reconocido por Atlas Network con el Templeton Freedom Award.

El nombre del empresario Ricardo Salinas Pliego, propietario de Grupo Salinas, aparece de forma recurrente entre los vínculos mexicanos con esta red, junto con la participación documentada de Roberto Salinas León. No es casualidad que estas mismas voces y organizaciones sean las que, con financiamiento externo, insisten en un modelo de Estado mínimo, de mercados sin regulación y de retroceso en los derechos sociales conquistados durante los últimos años. La pregunta que cabe hacerse es simple: ¿a quién le conviene debilitar un gobierno que reparte vivienda, siembra millones de árboles y transfiere recursos directamente al pueblo?

Frente a ese proyecto de intereses privados y extranjeros, el gobierno de la 4T opta por un camino radicalmente distinto: gobernar desde el territorio. La estrategia "Gobernando desde el Territorio", desplegada este fin de semana en Puebla, trata sobre la materialización de un modelo de Estado presente que atiende directamente las necesidades de las comunidades, en contraste con el modelo de escritorio y élite que promueven los think tanks financiados por Atlas Network. La entrega de viviendas y el arranque de la Jornada Nacional de Reforestación —ahora convertida en política de Estado permanente mediante decreto presidencial, con actividades cada mes de agosto— son la prueba de que hay un proyecto de nación que sí llega a la gente.

El uso de drones para dispersar semillas peletizadas durante la jornada de reforestación en la región Izta-Popo simboliza además otra dimensión de este proyecto: un Estado que innova y que pone la tecnología al servicio del bienestar colectivo y del cuidado ambiental, no de la especulación financiera. Mientras el ecosistema ideológico de Atlas Network insiste en reducir el papel del Estado, la 4T demuestra con hechos concretos —viviendas entregadas, árboles sembrados, decretos firmados— que otro modelo de desarrollo es posible y ya está en marcha.

@_Melchisedech

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