
Violencia en las aulas
Al derecho y al revés.
Por Mar Morales
La estancia de nuestros hijos e hijas en las instituciones educativas públicas o privadas debe, al menos debería, dejarnos con la tranquilidad de que para ellos es un lugar seguro. Pero al parecer no es así.
En días recientes hemos conocido al menos dos incidentes que nos ponen los pelos de punta. Uno, en el CCH Naucalpan, perteneciente a la UNAM y ubicado en la Ciudad de México y otro en el Tec Milenio, en Monterrey.
En el CCH el pasado 19 de marzo un alumno apuñaló a un profesor de francés en pleno salón de clases, ocasionándole heridas de gravedad. El agresor intentó escapar pero fue detenido por las autoridades del campus. Se desconocen las causas del ataque, algunos dicen que el profesor era muy agresivo, otros que el joven tenía a menudo actitudes violentas.
El otro caso, sucedido en Monterrey hace una semana, impactó a la sociedad y aún estamos en espera de la sanción que recibirán los involucrados.
Un estudiante de esta universidad privada fue agredido sexualmente por presuntamente tres compañeros en el baño de las instalaciones. La víctima, un joven con capacidades diferentes, fue obligado a tener prácticas íntimas con unos estudiantes. En un primer momento se habló de tres agresores, posteriormente Rudy, el joven de 16 años que fue víctima de la agresión, identificó con nombre y apellidos a su presunto violador.
En ambos casos hay similitudes.
La primera pone en evidencia la falta de atención por parte de las autoridades educativas, que no priorizan la atención a la salud mental de sus educandos. Es alarmante que un adolescente, o varios de ellos, con visibles problemas psicológicos, se estén formando en las aulas sin que nadie lo note ni tome acciones para evitar que más jóvenes resulten lastimados.
También nos alarma la creciente deshumanización entre estudiantes, que no les afecta ni les acongoja agredir a alguien o acabar con su vida. Tampoco procuran cuidarse de ser vistos o “cachados” al momento de cometer la agresión. Hay chicos y chicas así, a muy corta edad, que ven el odio y el dolor como algo cotidiano, incluso familiar. Me atrevo decir que algunos incluso lo disfrutan, en tanto las autoridades educativas ni se inmutan.
En el CCH Naucalpan el pasado 28 de febrero hubo también un suceso violento: dos alumnos dispararon dentro del plantel y fueron detenidos por policías estatales. ¿Qué hicieron los directivos para impedir el ingreso de armas a las instalaciones? Al parecer nada.
En el Tec Milenio, según testimonios de algunos alumnos, se les “invita amablemente” a no visibilizar hechos de violencia en redes sociales, para cuidar el prestigio de la institución. Qué terrible.
En tanto los demás jóvenes, que son mayoría, son testigos de la descomposición social que llegó a las aulas sin que nadie los proteja, pues donde se supone debería ser un lugar seguro, de aprendizaje, deporte y recreación, sus vidas no están a salvo. Hagamos algo pronto.
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